Conservación preventiva y Restauración

La conservación de las colecciones - dotación de las condiciones más estables de humedad relativa, temperatura, luminosidad, calidad del aire... -  es una de las labores más reconocidas de los museos por la sociedad. Pero ¿por qué conservar? El objetivo es garantizar la transmisión de un patrimonio heredado de generaciones pasadas a generaciones futuras. La conservación es, por tanto, función y razón de ser de la existencia del museo.

Le corresponde al departamento de Conservación Preventiva y Restauración velar por el bienestar físico de los fondos museográficos, sea cual sea su ubicación y durante cualquier proceso al que sean sometidos. Para cumplir este cometido conviene diferenciar dos niveles de actuación:

Conservación preventiva

La conservación preventiva es "el conjunto de las acciones destinadas a asegurar la salvaguarda (o a aumentar la esperanza de vida) de una colección o de un objeto". Algunas de esas acciones serán directas, como el control ambiental, la prevención de plagas, la adecuación de las instalaciones o la manipulación de fondos, mientras que otras serán indirectas, como la dotación de un plan de conservación preventiva global, de un inventario, o el rechazo o aceptación de préstamos de objetos sensibles. Por ello, las responsabilidades de conservación preventiva requieren la implicación de todo el personal del museo.

Restauración

Supone la intervención física sobre los fondos. Una buena conservación preventiva evita actuaciones de restauración, pero en ocasiones es necesario intervenir, siempre de acuerdo con unos criterios unificados, acordes con las normas internacionales (Carta del Restauro, 1972) y la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español.

Normalmente estas labores se realizan en los espacios adaptados para ello en el propio Museo, a cargo de su personal, con la colaboración del Instituto del Patrimonio Cultural de España o con restauradores o empresas especializadas contratadas al efecto.